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de Diciembre de                         ISíCimero S © S

              EVANGELIO DE LA DOMINICA

                                                                                                                  «

              Al oir Juan desde la cárcel las obras de Cristo, envió dos de sus-

              discípulos a preguntarle: ¿Eres Tú el que ha de venir o debemos es-

              perar otro? Y respondiendo Jesús, les dijo: Id y contad a Juan lo que

              habéis oído y visto. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos que-

              dan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres les

              es anunciado el Evangelio: y bienaventurado el que no fuere escan-

              dalizado en mi..Y luego que se fueron éstos, comenzó Jesús a hablar

              de Juan al pueblo: ¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Una caña movida

              del viento? O, ¿qué salisteis a ver? ¿a un hombre vestido con lujo y

              ropas delicadas? Cierto, los que visten finos vestidos en casa de reyes

están. Pero ¿que salisteis a ver? ¿Un profeta? Ciertamente lo es y aún más que Profeta. Porque

éste e s \ l e quien está escrito: He aquí yo envió mi Angel ante tu faz, que preparará tu camino de-

lante de Ti.

              JSo te es lícito          '

     Dice el Evangelio de hoy, en su primer versículo, que San Juan .estaba en la cárcel. Más ade-
lante, en el capitulo 14, explica la causa: «Herodes habia hecho prender a Juan, le había encade-
nado y:puesto en la cárcel, por- causa de Herodias, la mujer de su hermano: Pues le decía: No te
es licito tenerla». Esta mala mujer, Herodias, abandonó a su legítimo esposo en Roma, se fugó a
Palestina, y se juntó a su cuñado Herodes. Todos criticaban en voz baja la conducta escandalosa
de los dos adúlteros, pero nadie se atrevía a desafiar las iras del tetrarca. ¡Solo uno se atrevió a
ello! Fué San Juan Bautista. Vestido con su pobre sayal de pelos de camello, presentóse un día
en la corte de Herodes, y le increpó valientemente: »¡Non licet! No te es lícito tener la mujer de
tu hermano». Magnífica lección de intrepidez y valentía santa que han aprendido muy bien cuan-
tostPapasjy Obispos en el decurso de la historia antigua y moderna han preferido la cárcel y la
muerte antes que ceder, en presencia de los grandes y poderosos de la tierra, ni un ápice en los
principios del dogma y de la moral, que Dios ha confiado a su fiel custodia.
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