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tS. u f&Litl Dil Gcu.oLs , 11 .D:i No.nEitr&R.E o¡& 1946.

   EVANGELIO DE LA DOMINICA

,       Dijo Jesús a las turbas esta ,parábola: Senejante es el reino de
   los cielos a un hombn>, que sembró buena semiente en su campo.

   Y ·mientras dormían los hombres, vino cierto enemigo suyo, y sem-

   bró cizafia en medio del trigo, y se fué. Estando ya el trigo en

   hierba y apuntando entonces la espiga, apareció entonces la ci-

   zafia. Y llegando los criados del padre de familia, le dijeron: Señor,

   ¿no sembraste buena simiente en tu campo? pues ¿cómo tie.1e ci-

   zaña? Contestóles: Algún enemigo mío ha hecho esto. Replicaron

   los criados: ¿Quieres que vayamos a cog~rla?-No; les respondió;

   no sea quP, u! arrancar la cizafia, arranquéis con ella el trigo.

   Dejad crecer uno y otra hasta la siega; que al tiempo de la siega

diré a los segadores: Coged primeramente la cizafia, y atadla en manojos para quemarla;

mas el trigo recogedlo y metedlo en mi granero.

   Hay que e;~tar vlgllante

       Mientras todo el mundo dormía, vino el enemigo y sembró cizaiia en el campo de buen trigo.
 He ahí la obra del enemigo de Dios y de nuestra alma: el demonio. Rué por sus maquinaciones
 que el pecado entró por primera vez en el mundo y estropeó la magnifica obra que acababa de
 salir de las manos dei Creador: el hombre. Y es también por efecto de sus funestas sugestiones
 que el pecado se propaga e infecta la tierra: Pero notemos de qué manera sabe nuet~tro astuto
 enemigo escoger el tiempo propicio para sus pérfidos designios. E:. cuando los hombres duermen
 que se infiltra en su compañia; es entonces cuando vierte su mortal ponzofia en nuestra alma.
 Ya comprenderá el lector que no se trata del suefio fisiológ}co sino del sueño moral, esto es, de
 la pereza, de la negligencia, del abandono e indiferencia por las cosas celestes que se orde·· an a
 nuestra salvación. En una palabra, el demonio penetra en nuestro campo cuando cesamos de vi-
 gilar. Por esto el Salvador que conoce muy bien sus astucias, nos recomienda con insistencia que
• velemos siempre. •Velad y orad, para que no caigáis bajo el peso de la tentación•.
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