Page 1 -
P. 1

SáN FEr,ru DE GurxoLs, 17 DE JuNIO DE 1945.

                            1 Hallándose JPsús junto al lago de Genesaret, las gentes se agol-                       •·

                            paban en torno suyo, ansiosas de oír la palabra de Dios. En esto vió                     ..

• dos barcas a la orilla def lago, cuyos pescadores habían bajado, y es-
                                                taban lavando las redes. Subiendo, pues, a una de ellas, que era de

                            Simón, pidióle la desviase un poco de la orilla. Y sentándose dentro,

                     ' predicaba desde la b <~ rca al numeroso gentío. Acabada la platica, dijo
~~:JH:Ii~'\1:~,~ a Simón: Gui-a mar adentro, y echad vuestras rede_s para pescar. Re·

                            plicóle Simón: Maestro, toda la noche hemos estado fatigándonos, y

                            nada hemos cogido; no obstante, fiado en tu palabra, echaré la red.

                            Y habiéndolo hecho, recogieron tan gran cantidad de peces, que la

red se rompía. Por lo cual hicieron sefias a sus compafieros de la otra barca, de que viniesen a

ayudarles. Vinieron luego, y llenaron con tantos peces las dos barcas, que poco faltó para que se

hundiesen. Viendo esto Simón Pedro, echóse a los pies de Jesú~, diciendo: ¡Apártate de mí, Señor,

que soy un hombre pecador! Y es!que el asombro se había apoderado así de él como de todos los

demás que con él estaban, a vista de la pesca que acababan de hacer: lo mismo sucedía a San-

tiago y a Juan hijos de Zebedeo y compañeros de Simón. Entoncts dijo a Simón: No tienes que

temer: de hoy en adelante serás pescador de hombres. Y ellos sacando las barcas a tierra, dejá·

ronlo todo y le siguieron.

                            La obediencia ciega

               Jesús dió una orden y aquellos pescadores obedecieron. Su trabajo fué un acto de obediencia

'" r.J:Ly la obediencia fecunda siempre todo esfuerzo. Aquella docilidad fué de su parte, pronta, ciega,
        --entera: sin retardo, sin reserva, sin examen de las razones que puede tener quien manda, aunque
          su mandato esté en oposición con la propia experiencia. Obedecieron y ya vemos los magníficos
          resultados de su acto. Antes que Jos Apóstoks, Jesucristo nos tiene dado ejemplo de la gran efi-
          cacia de la obediencia. El vino al mundo para hacer la voluntad del Padre. Desde su juventud se

          puso a la obra, y Jos maravillosos resultados de su trabajo todos los sabemos: El mundo conver-
          tido, la ira de Dios apaciguada, la humanidad regenerada. Sigamos pues sin vacilación el ejem-

          plo de Jesús y de los Apóstoles: que nuestro esfuerzo no sea el fruto de nuestra voluntad ni menos
          de nuestro capricho, ya que tomando por guia nuestro propio juicio poca cosa avanzaría~os en
         el camino. Vendríamos a ser como el viandante que andando de noche en un bosque, sin luz y

          sin estrellas se encuentra al amanecer fatigado y en el mismo punto que la víspera.
   1   2   3   4