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BAN FELIU DE GuiXoi.s, 13 DE MAYO DE 1945.

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                                    Dtjo Jesús a sus discípulos: Cuando viniere el Consolador,

                               que yo os enviaré del .Padre, el Espíritu de verdad, que del
                               Padre procede, El dará testimonio de mí; y vosotros daréis
                               testimonio, porque e~táis conmigo desde el principio. Esto os
                               he dicho para que no os escandalicéis. Os expulsarán de las
                               Sinagogas; mas llega la hora en que cualquiera que os diere
                               muPrte, pensará hacer un servicio a Dws. Y esto os harán,
                               porque no conocieron al Padre ni a mí. Mas esto os he dicho,
para que cuando viniere la hora, os acordéis de que ya os lo tenía anunciado.

                                          El Espíritu de verdad
     Vemos que Jesucristo llama al Éspíritu Santo, Espíritu de verdad. Y en efecto El
es de quien procede. El es quien la difunde, El es quien la hace aceptar. En el día de
Pentecostés, el Paracleto fué .Para los. Apóatoles Espíritu de verdad, llenando sus inte-
ligencias de las verdades celestes; les infundió decisión y valentía para divulgarlas; y
al mismo tiempo dió a su palabra aquella fuerza persuasiva que les hizo ganar en poco
tiempo tantos adeptos para la nueva Iglesia. Lo que el Espíritu hizo al principio pot
los Apóstoles, continúa. haciéndolo en el curso del tiempo por sus sucesores, los pasto-
res de almas y predicadores de la divina palabra. No son los ministros del Señor los
que propiamente persuaden las inteligencias y ganan los corazones; es el Espíritu San-
to, el Espíritu de verdad. Conforme a esta doctrina no es la elocuencia lo que princi·
palmente importa para el fruto de la predicación, sino la acción iluminativa y vivifi-
cante del Espíritu. De ahí que hemos de tener como práctica muy saludable la de
aquellos predicadores apostólicos que comienzan sus sermones invocando solt~mne­
mente al Espíritu Santo, práctica que nosotros no deberíamos olvidar nunca cuando
acudimos a escuchar la divina palabra.
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