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Sa»  nx Q-uixom, 2 d b A b r i l d e 1944.

HOJA                           PARROQUIAL

                                              271

                             EVANGELIO DE LA DOMINICA

      Acercándose Jesús a Jeruaalén, al llegar a Betfagé, al pie del monte de los" Olivos, envió a dos
discípulos suyos diciendo: Id a esa aldea que se ve en frente, y luego hallaréis una asna atada y un
pollino con ella. Desatadlos y traédmelos: y si alguien os dijere algo, respondedle que el Señor los
ha menester; y luego os los dejará llevar. Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había di-
cho el Profeta: Decid a la hija de Sión: Mira que viene a ti tu Rey lleno de mansedumbre, sentado
sobre una asna y su pollino, hijo de la que está acostumbrada al yugo.—Idos los discípulos, hicieron
lo que les había mandado Jesús. Y trajeron el asna con su pollino, y aparejaron sobre ellos sus ves-
tidos e hiciéronle sentar encima. Y una gran muchedumbre tendía también sus vestidos por el cami-
no: otros cortaban ramos de los árboles y los extendían por el camino, y tanto las turbas que iban
delante como las que venían detrás, clamaban diciendo: ¡Hosanna al^Hijo de David, bandito sea el
que vi«ne en el nombre del Señor!

                               El Rey Pacifico

     Desde hacía tres años Jesús iba sembrando                            que le sale al encuentro, es la espontaneidad de
sus enseñanzas y sus milagros; iluminando las                             aquellas aclamaciones que nadie ha preparado
almas y curando los cuerpos. Los pueblos entu-                            ni nadie dirige; que br*tan por si mismas del
siasmados y agradeci-
dos, quisieron v a r i a s                                                                                    pecho de aquallas g«n-
veces alzarlo rey, pero                                                                                       tes sencillas en un am-
Jesús declinó siempre                                                                                         biente de santa liber-
un tal honor, porque                                                                                          tad. Y esto coloca a Je-
su Reino no es de este                                                                                        sús por encima de todos
mundo                                                                                                         los conquistadores del
                                                                                                              mundo, alrededor de
    Sin embargo para                                                                                          los cuales si se oyes
mostrar a sus discípu-                                                                                        vítores, a veces amaña-
los que no renunciaba                                                                                         dos o forzados, también
al titulo de rey qne los                                                                                      se oyen gemidos. E s
profetas daban al Me-                                                                                         que Jesucristo no es un
sías, para ofrecerles una                                                                                     conquistador cualquie-
imagen de aquella rea-                                                                                        ra; lo que ha ganado lo
leza poderosa y reve-                                                                                         conquistó por el amor.
renciada que iba a conquistar con su muerte ron-                          Los que le acompaSan en su triunfo, los que s e
sintió ofrecer a sus ojos los honores de una en-                          han dado a El como subditos, son los enfermos
trada triunfal en la Ciudad santa.                                        que curó, los ciegos a quienes devolvió la vista,
                                                                          los muertos que resucitó, la turba hambrienta
    Contemplemos con los ojos del álma los por-                           que alimentó al desierto, la inmensa multitud de
menores de aquella apoteosis y veremos que lo                             desgraciados que alivió, consoló y alebró.
que traza mejor la belleza del triunfo de Jesús no
es precisamente el brillo de una pompa externa,                                Bella imagen del Rey bueno, dulce y pací-
ni el aparato importante del poder y de la gran-                          fico que los profetas anunciaron y que él Evan-
deza; sino el júbilo y el entusiasmo del pueblo                           gelista proclama,

     SANTOS DE LA i E M A m                                               2de S. Vice te Ferrer, Passio, pf. d e l » Santa CruE.

    H o » D ' - m t i g o 2. D o m i n i c a de Kamoa, f i n gl.               Jna-'t-t S a t i t o 6. M i - a propia, c r , p f . de 1 »
uni' a or. P a « i ), o r . p t de l a s a n t a C r u z . S F r a n -    S a i ta C ' u z . . U t i a s o l a m i s a en oaJa t e m p l o ) S a n
oisoo de P a u l a , •{ ¡ t i .                                           S i x t o I . p }• m r .

    L i o S a n t o 3 . M i s a p r o p i a , RÍO eri., o r 2 p o r                                 S a n t o 7.-Mi.'sa d« Pre-antifi-adog. S .
1» I U i a , p t . . i e l a S a n t a C r u z . S . E i o a r d « , ob.  Satar.iiEO. oh. A y u n o y abstinencia

         arle S a n g Í . - M i s a p- pia.-in el., or. 2 d»              S•  Santo  M i s » propia, i l n er. p r t f a s i »
S. iBÍdcro ot j d.. PasNio, pt. d» S a n t a Crua.
                                                                          pascual. 8 .Dionisio, mr.
   Misisoloíi Sfiuto, 6.-lt¡aft.prupÍR, p r u f » o ¡ » , or.
                                                                                Dora.i.«ru, 9 Pn^eua d » Ee«urr«o»íón. « r , p t .
                                                                          pascual St»..l{aria CUofi.
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