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Año XLVI  Domingo, 26 de junio de 1955  Núm. 2230

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E l E x c m o . y Rvdmo, P. J u a n PereDó Pou, Obispo de Vich. concede 100 días de indulgencia s
los que devotamente leyeren u oyeren la lectura de «Hoja Parroquial de Sta. Maria de Ripolb

                                                (OON UICENCIA ECLESIÁSTICA) -

26 Domingo IV de Pentecostés: Santos Juan y Pablo, hermanos mrs.; David, er.
27 Lunes: Ntra. Señora del Perpetuo Socorro. Stos. Ladislao, rey; Martín, ob.
28 M a r t e s : Santos Ireneo, ob. m r ; Paulo I, papa; Erácirdes, mr. y Sta. Marcelo
29 Miércoles: Santos Pedro y Pablo, apóstoles; Siró y Casio, obs. y Marcelo
30 Jueves: La Conmemoración de San Pablo Santos Marcial, ob. y Alpiniano

  1 de julio—Viernes: La Preciosísima Sangre de Ntro. Sr. Jesucristo. San Golo
 2 S á b a d o : La Visitación de Nuestra Señora. Stos. Proceso y Martiniano, mts.
 3 D o m i n g o V después de Pentecostés: Santos León II, p.; Anatolio y Dato, o b .

                              LA PESCA MILAGROSA

Continuación de! santo Evangelio segiin S. Lucas (5): En aquel tiempo:
Hallándose Jesús junto al lago de Genezaret, las gentes se agolpaban a
su lado ansiosos de oír la palabra de Dios. En esto vio a la orilla del lago
dos barcas, cuyos pescadores habían bajado, y estaban lavando las redes.
Subiendo, pues, en una de ellas, la cual era de Sinaón, pidióle que la des-
viase un poco de tierra. U sentándose dentro, predicaba desde la barca
al numeroso concurso. Ñcabada Ja plática dijo a Simón: Guía, mar aden-
tro, y echad vuestras redes para pescar. Replicóle Simón: Maestro, toda
la noche hemos estado fatigándonos, y nada hemos tomado; no obstante,
sobre tu palabra echaré la red. y habiéndolo hecho, recogieron tan gran
cantidad de peces, que la red se rompía...

   COMENTARIO: Con Jestis todo se puede y sin El son vanos todos los
esfuerzos humanos. He ahí lo que plásticamente dice el Evangelio de hoy,
revelador del poder de Cristo, y de la impotencia de los apóstoles a la vez,
que por milagro del Maestro se convierte en una pesca abundantísima. La
humildad es poderosa porque es sumisión y obediencia. Obedece al Señor
y haz lo que quieras, con tal que obedezcas por amor y no por temor a los
severos castigos que aguardan al revoltoso, pues la ley evangélica es toda
caridad y amor. Grande pecado debe ser la desobediencia, cuando por ella
se perdió el mundo y poderosa será la obediencia que lo salvó.
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