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Un h o m b r e l i b r e . . .

   Pudo ocurrir en cualquier lugar de             unanimidad, luchaban en defensa de              casas y ciudades se arrasaron, una y
nuestro desquiciado mundo,... aunque              unos ideales y unos programas mara              o;ra vez... La muerte llamó a la puer-
todo el relato nos sitúa en el lejano             vinosamente tentadores, en los que              ta de todos los h o g a r e s . . .
Oriente.                                          indefectiblemente se hablaba siempre
                                                  amplia y pomposamente de la li-                    Hoisan seguía los avatares de la lu-
   Hoisan fué siempre un hombre sen               bertad!... Pero, ¡por qué medios tan            cha cada vez con interés más vivo. Las
cil:o, de vida apacible, sin grandes as-          distintos la buscaban todos!.... Qué            tropas que habían invadido el país re-
piraciones y una única ambición: vi-              formas tan diferentes de entenderla!...         trocedían . . . con ciertas alternativas,
vir ilibre en paz y tranquilidad.                                                                 en favor o en contra, pero retroce-
                                                     Hoisan no logró nunca comprender-            dían... Hasta que rebasaron el lugar
   Claro que se daba cuenta de que                 o. El se sentía mucho más libre, den-          donde Hoisan tenía su c a s a . . . Y
ello era difícil. Sobre todo ahora que            tro de su insignificancia, que todos            Hoisan, sin importarle nada en ab
el mundo había cambiado tanlo... Los              sus amigos, que tenían que sujetarse            soluto, más que su único ideal
felices tiempos de sus padres y abuelos           a unas órdenes y disciplinas estrictas y        de siempre: el hogar, la fami-
hablan desaparecido. G oriosos días               concretas, y estaban obligados a una            lia, Ja tranquilidad, abandonó su
en que nadie estaba clasificado, ni en-           serie de forzosas acciones, de las que          puesto y se pasó...
casil ado; tiempos en que nadie preci             él estaba exento... Pero en el fondo, al-
saba documentos de identidad que le               go le decía que su libertad no era com-            Le acuciaba el sólo afán de volver
acredi aran y respondieran por él; en             pleta. No podía rehuir a su destino. Su         a estrechar entre sus brazos a los su-
que cada hombre era considerado por               forma de entender la vida, le obliga-           yos. .. pero todo no fué tan fácil como
sí mismo, por su actuación en la vida             ba también a actuar de una forma pre-           imaginaba...
de relación con sus conciudadanos, en             cisa y concreta, y por mucho que se
lugar de tener que fiar su personali-             esforzara en querer convencerse a sí                ¡Ya no había confianza entre los
dad a las cifras o datos, de uno o más            mismo, no siempre podía afirmar que             h o m b r e s ! . . . ¡Nadie creyó en sus pa-
ficheros, fríos e incapaces de reflejar           se sen'ía del todo contento...                  l a b r a s ! . . . ¡Hoisan era un sospecho-
todo el valor humano y espiritual de                                                              s o ! . . . Se empezaron amplias investi-
cada h o m b r e ! . . . Tiempos pasados en          Y así fué transcurriendo su vida, de         gaciones y fué internado en un campo
que cada hombre, era un ser con per-              honorable ciudadano, de esposo y pa             de prisioneros... Allí la vida fué cada
sonalidad y fisonomía particu'ar ex-              dre amantísimo, y trabajador cons               vez m á s dura. Y resultaba difícil y pe-
clusivamente propias. Ahora, eran los             cíente y tranquilo.                             ligroso querer mantener alejado de
tiempos de las grandes masas y con-                                                                todo. Se fraguaban rebeliones, se in-
centraciones, amorfas, impersonales,                 Pero un d í a . . .                          tentaba huidas y entre ellos había de-
donde toda voluntad y criterio propios,               Un día aciago, nubes de aviones os-         laciones y s e establecían también dis-
quedaban ahogados, hundidos, perdi-               curecieron el cielo y la tierra se estre-       tas de indiferentes o sospechosos!
dos entre la inmensidad gris del con-             meció. .. ¡La patria de Hoisan había            Hoisan sufrió muchas penalidades de
junto.                                            sido invadida!... ¡Unos extranjeros,            carácter material, pero esta constante
                                                  que prometían un mando mucho me-                 inquietud, esta perenne sensación de
   Hoisan vivia apartado de todo. Te              jor, y hablablan también en nombre               peligro, era mucho más terrible, y des-
nía su hogar, sus tierras y una familia           de la libertad, avanzaron sembrando el           trozaba los nervios de cualquiera. Na-
que idolatraba. ¡Valía la pena de vivir           odio, la ruina y la muerte por do-              die pudo nunca imaginar los horrores
para todo ello!                                   quier! . . .                                     de este cautiverio, en el que estaban
                                                     Demasiado próxima la frontera, que            mezclados los realmente culpables,
   Procuraba aislarse de todo lo demás,           habían marcado ios hombres, pues                 con otros muchos, como Hoisan, que
que no le afectaba directamente. O por            Dios jamás señaló límites ni barreras,           nunca habían hecho el menor daño a
lo menos así lo creía él. Quería igno-            la casa y las tierras de Hoisan conocie-         nadie.
rar todas las convulsiones del mundo,             ron todos los horrores de la g u e r r a . . .
que, en el fondo, muy poca cosa le im-            Y él mismo se vió obligado, en contra               El sufrimiento de Hoisan fué cada
portaban.                                         de su voluntad, a trabajar para el ene-          vez más intenso, hasta que un día tuvo
                                                  migo. ¡Sin haberlo deseado, tenía que            su oportunidad. S e presentó como vo-
   Sus conocidos y amigos, trataban               intervenir en la lucha!                          luntario. Hacían falta hombres. Hoi-
por todos los medios de arrastrarle a                Y se sucedieron semanas y meses de            san no lo pensó ni un segundo. Lo que
formar parte de sus grupos, de sus                penalidades. Hoisan separado de su               quería, era salir de aquel horror. ¿Qué
asociaciones; pero él jamás quiso ha-             mujer y de sus hijos, sufría callada-            le importaban en realidad unos ni
cerles caso. Su orgullo consistía en de           mente lo que el destino le había re-             otros? ¡Salir! ¡Marcharse! ¡Tener Ja
cir que nunca se había mezclado en                servado, pensando sin cesar en estos             oportunidad de hacer una corta visita
nada. Se aferraba obstinadamente a                seres queridos, que no podía ima-                a los suyos! ¡Esto es lo único que in-
su indepedencia, a su libertad. P o r en-         ginar cómo resolverían su vida, sin su           teresaba! . . . Hubo reparos, recelos,
cima de toda otra consideración que-              ayuda y apoyo, que no podía prestar-             nuevas investigaciones... Al fin se le
ría sentirse un hombre libre, tan libre           les. Su 'impotencia ante la adversidad,          incorporó. Y entonces pudo hacer una
como fueron todos sus antepasados!...             perfilaba una nueva faceta en sus sen-           breve escapada al lugar donde había
                                                  timientos. Ya no era tan indiferente a          nacido y donde había vivido feliz du-
    ¡Pobre H o i s a n ! . . . En su simplicidad  la lucha. Arrastrado a ella, empezaba           rante tantos años...
no se daba cuenta, de que no actuar,              a sentir que nadie podía sentirse tan
es también una forma de acción, aun               ajeno a la misma como él siempre                    Al llegar, sus temores se convirtie-
que en sentido negativo!... No se daba            había pensado. Por amor a los suyos,            ron en dolorosa certidumbre: un in-
cuenta de que la libertad, en el senti            en su deseo de ayudarles, de volar a             forme montón de ruinas, rodeada de
do estricto de la palabra, no es más              su lado, tenía forzosamente que tomar            una tierra reseca y atormentada, era
que un hermoso sueño, en realidad in-             un partido. Pero había que esperar              cuanto quedaba del lugar que cobijó
existente! . . . No veía que el hombre            la ocasión oportuna...                          su felicidad... ¿ Y su mujer? ¿ Y sus
libre, no es libre precisamente por                                                               h i j o s ? . . . Nadie supo darle razón de
mantenerse al margen de la vi-                       Hasta que un día otros extranjeros           ellos. El éxodo había sido enorme y ac-
da y de los acontecimientos, si                   llegaron a su país. Venían a ayudar-            cidentado. .. ¿Quién podía saber nada
no que su libertad consiste en                    les. También luchaban en defensa de             de los que tuvieron que huir precipi-
saber elegir el camino y obrar en                 la libertad. Y entonces la lucha se hi-         tadamente, en el fragor de las bata-
consecuencia!....                                 zo más cruenta. Ningún horror, nin-             llas?
                                                  guna prueba se ahorró a los sufridos
   Que rara idea tienen todos los hom-            habitantes de aquella t i e r r a . . . Los         La desesperación y la angustia de
bres de la libertad!... Los conciudada-           campos se regaron de s a n g r e . . . Las      Hoisan, había llegado a su límite. Se
nos de Hoisan, a pesar de pertenecer                                                              sentía moralmente destrozado. Había
a diferenites grupos y partidos, total-
mente distinto entre sí. todos, con rara
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