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PEDRO,
                                                            sobresaliente en Amor
                                                                 A Pedro se le exige aparentemente muy
                                                            poco para ser constituido Cabeza. Pastor
                                                            supremo de la Iglesia. Se le exige sencilla-
                                                            mente amar.

M XIX  VlialranKa del Panadés, 27 de JuhIo de 1959               Y decimos que el testimonio de amor
                                                            es aparentemente muy poco, [porque esta-
                                                    m . 25  mos tan acostumbrados a usar y abusar de
                                                            esta sagrada palabra, que parece que lo que
                                                            se exigió a Pedro esté al alcance y dentro
                                                            de las posibilidades de cada uno de noso-
                                                            tros. casi sin ningún esfuerzo.

                                                            Y sin embargo no es así.

                                                                 Porque amar sobrenaturalmente, amar a
                                                            Dios por lo que El es. el Supremo Ser, la
                                                            Suma Perfección, no es cosa de un día. n o
                                                            es cosa fácil. Exige un largo y delicadísimo
                                                            aprendizaje, en donde la lucha contra la in-
                                                            fidelidad, contra la rutina, más aún, contra
                                                            la pereza, es una luclia de cada día, casi de
                                                            cada instante.

                                                                 Además, que llegar al Amor, no es mo-
                                                            rar en el Amor. Porque el Amor para ser
                                                            verdadero pide un constante crecimiento,
                                                            un desarrollo continuo a lo largo de nues-
                                                            tra vida y que no termina sino con la muerte.

                                                                 ¿Quién de nosotros se atrevería, como te
                                                            atrevió Pedro, a afirmar que amamos a
                                                            Jesús más que los otros? Y sin embarga
                                                            vemos a Pedro casi asintiendo, cuando In-
                                                            genuamente responde a la pregunta de Je-
                                                            sús sobre si le amaba más. «Señor. Tú sa-
                                                            bes que te amo...»

                                                                  Esto es en resumen toda la Ley y los
                                                             Profetas... No hay otro cristianismo ni otra
                                                             fidelidad. Esforcémonos para que la lección
                                                             de Pedro cale hondo y eficaz en nuestro ei-
                                                             píritu.^Ya Jesús lo diria en otra ocasión
                                                            como justificando la futura elección de Pe-
                                                            dro al supremo Pontificado. Porque todas
                                                            nuestras Irelaciones y deberes se expresan
                                                            con sólo dos afirmaciones de Amor: amar
                                                            a Dios sobre todas las cosas, (todas las co-
                                                            sas, aún aquellas que están más cerca de
                                                            nuestro pobre corazón de bairo...) y al pró-
                                                            jimo como a nosotros mismos. Como a nos-
                                                            otros mismos... Ya decíamos que necesitá-
                                                            bamos de toda nuestra vida para alzar el
                                                            edificio delicadísimo, duro y difícil de nues-
                                                            tro Amor.

                                                            / o s é M.^ Mercader

                                                              r » úxx: 1 2 % x í a 3V ü ¿ v i E R o
                                                            tsford dedicado a la poesía y lecturas

                                                            de verano. Publicaremos, entre otros, un

                                                            interesante artículo sobre la personali-
                                                            dad y la obra de López Picó, debido o
                                                            J . A^ercoder-A4/ref. También apar0cerá

                                                               una entrevista con D. Pedro Regull.
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