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- CATQLICA                                                                                                Página 351

     ALEMANli\~
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or (Continuácián)

1 : Hacia el centro del p aís                                           hlico curioso presenciaba sus evoluciones a través de la alam-
ti-
         A escasa distancia de Heidelberg, donde el rio Neckar cede     brada, a poco trecho de la autopista.
e-   sus aguas al caudaloso Rhin, se halla Mannheim. Llegaba allí           Huellas abundantes de la guerra pueden contemplarse, aún
as   al atardecer sereno de un día lluvioso de verano, en un «íeeps
     militar; el conductor, un soldado americano -rostro jovial. pi'    hoy, en la ciudad que vió nacer a Goethe, actualmente una de
5i-  pa en la boca, gesto atento y despreocupado- me había habla-       las más activas de Alemania.

                                                                            No es fácil captar J~ fisonomía completa de estas ciudades.

     do en gal~goso inglés de la España histórica y monumental que antaño esplenrlorosns, qn e presenciaron la desaparición, bajo
     él conocia a través de sus estudios en New-York: rehusó tratar las bombas, de pedazos gigantescos de su cuerpo y que hoy se
     de Alemania - yO en su caso habría h-cho lo mismo-; por sus hallan en un estado de intensísima re consrruccíón, Avenidas y
as insinuaciones, empero, Y mis experiencias posteriores, tuve calles de reluciente asfalto, pobladas de árboles y jardines, espe-
o- ocasión de comrrob ar el carácter campechano, en Jo social, de ran con impaciencia la aparición, en gran parte rnanifl est , ,de edi-
     la ocupación de Alemania por su país; más o menos mi impre- ficaciones en lo que ahora son solares pedragos os . En constante
os sión fué que los americanos están allí disfrutando unas tranqui- sorpresa, abundan en la dudad animadas vías repletas de esta-
0- las vacaciones <amenízadas>, sin profusión excesiva, por mas blecimientos, muchos ultra-modernos. dedicados con afán
     no menos pacíficas prácticas militares. Repito que es solo im- al comercio, banca e instituciones públicas y privadas de
                                                                        variada significación. Signos evidentes de la espiritualidad de
     presión personal.
o- Mannheim ha pasado horas tristes en la última contienda un pueblo (por el momento no discutamos si pasada o actual;
     guerrera. Glandes zonas de la ciudad fueron tremendamente tiempo habrá para ello). iglesias y capillas en abundancia des·
     mutiladas por la aviación. Cerca de los 300.000 habitantes -la tacan sus agujas sobre la desconcertante mescolanza de la ciu-
és segunda ciudad de Baden - Wurttemberg-> muestra en la actua- dad que conserva con celo los escasos residuos artísticos de si-
u lidad, un peculiar aspecto de ciudad reformada, edificada apre- glos pasados. Sin embargo, no crea que Frankfurt carezca de su-
                                                                        ficientes atractivos histórícos para hacer grata la estancia a un
h suradamente sobre las ruinas.
     Su incesante actividad comercial y sobre todo industrial lla- viajero anhelante de emociones estéticas. ¿Acaso no se conser-
- -ma prontamente la atencién del viajero. Entre el Neckar y el va cuidadosamente la lujoaa mansión donde flota, desafiando-
                       Rhin, una vasta avenida circular limita el centro de la ciudad, al tiempo, la atmósfera plácida acariciando la belleza, distin-
     de calles paralelas y cruzadas en ángulo recto. Junto al Rhin, ción y gllsto refinado en todos los detalles que presidió el trans-
     una ancha faja de parques, en el centro de la cual -se alzan los currir de Juad Wol!gang Goethe, el poeta de Alemaníaf ¿Hay
     muros que co bijan los restos escasos, pero muy aprovechados quién no se deleite admirando la pintorasca arquitectura me-
     para servicios públicos y militares, del famoso Castillo Palacio dieval del Romer Rathams (casa del ayuntamiento)? Y la íglesía,
     'edificado en el siglo XYlII. En un extremo de la ciudad, donde de San Leonardo, con sus ocho siglo de historia, y la catedral
     confluyen los dos ríos, se mantiene, activo, uno de los más im- gótica, tan diminuta como serena en proporciones oo. Por si fue-
                                                                        ra poco, abundantes museos de inmaculada conservacíón brin-
     portantes puertos interiores de Europa.
     Como nota curiosa me fijé, al azar, en el Hauptbanhoj (es- dan interesantes hallazgos, viejos y recientes, en casi todas las

     tación central de F.F. CC.) en los horarios de trenes. Tuve la ramas del humano saber.

     paciencia de contarlos. Alcanzaban en total, la cifra de doscíen-  Frankfurt, desbordando el medio millón de habitantes. tie-

     't os trenes diarios de pasajeros.                                 ne también --como toda ciudad alemana que se precie en al-

                                                                        go- su rio. A lo largo del Mein pude contemplar, sin transición,

     Por el auto-ban, Fre nkfurt a. Mein                                las enmarañadas siluetas urbanas de la ciudad vieja junto a las

                                                                        espléndidas y suaves líneas de vastas construcciones arquitec-
I De Mannheim seguí, en dirección norte, hacia Frankfurt a. t ánícas concebidas y ejecutadas de acuerdo con las más moder-
     Main, por autopista (auto-ban).                                    nas fórmulas. En el extremo sudeste de la ciudad, el gran puer-

     Las autopistas alemanas constituyen, posiblementa, la mejor to fluvial da la tónica de vitalidad industrial y comercial despa-
     red de carreteras de Europa. Disponen de anchura suficiente rramada en su vigor por la ciudad.
     para permitir el paso de tres coches en una dirección y otros
     tantos en la contraria, separadas por una franja de césped de           Es quizás la animación inusitada en las caIJes céntricas; la
     más de dos metros. Piso completamente liso de asfalto o de         extraordinaria profusión de almacenes y artículos de todas
     cemento; atenuación al máximo de pendientes y curvas; ausen-       clases; el tráfico rodado, silencioso y de singular perfección re-
     cia de cruces, ya que estos se hacen mediante adecuados puen ·     guladora; y el incesante movimiento ciudadano, lo que en todo
                                                                        tiempo ha atraído especialmente el interés del visitante. 'Yo re-
     tes por encima y. por debajo de la autopista. Abundantísimos       cuerdo aún la tarde llovíznosa en que, por (ni especial predilec-

     aparcamientos laterales, estaciones de servicio y excelentes pa-   cíón al paseo, anduve durante varias horas sin otro placer que
     ra dores -típicos y modernos - conceden al viajero inmejora-
     bles condiciones de descanso y reparaciones rápidas para los       contemplar escaparates: te parecerá, gentil lector, pueril mi pa-
     vehículos. Así se enlazan, en trayectos casi rectilíneos de cen-   satiempo, pero te aseguro que mi interés no decreció un solo mo-
     tenares de kilómetros, las pr ncipales ciudades alemanas. (No      mento y solo noté el cansancio al regresar a mi alojamiento,
     h blo aqui de la tupida red de ferrocarriles¡ de ello trataremos   que, por lo demás fué vencido en su comienzo al solo recuerdo
                                                                        de las impresiones, variadas y, ciertamente: nada inútiles que en
     en próximos articulas).                                            mi, hasta cíerto'[puntolembobado papel de mirón callejero había.
         A través, pues, de una de eIJas llegué a Frankfurt a. Mein.
     Esta se'[dívísaba en el horizonte cuando un po ente vibrar de mo- conseguido,
                                                                        Como todes las:ciudades alemanas celosas de su prestigio no-
     tores me hizo dir:igir la mirada al cielo¡ sobre nuestras cabezas
     tres aviones de:pasaieros volaban a escasa altura; como supuse, menos que dejsu sano solaz, Frankfurt dispone de 200, de ins-
     poco despues bordeábamos uno de los aeródromos más solici- talaciones para Ferias-y Festivales internacionales y de abun-
     tados del continente. En él se baIJaba d~spegando un avión y dantesjparques. mimados al extremo, entre ellos el Palmen
     - ás de una docena-permanecían expectantes en la inmensa pla- Garten goza de indiscutible simpatía.

     aforma, algunos con las hélices aún inquietas. Numeroso pú-                                          XAVlER Horx
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