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     tro cuento e arnava

Aquel loco de Cuevas no tenía y sobre todo estos dias de Carnaval,                           Y Lulú , Mi mí y Totó, en el momen-         -

atadero.                                           Veamos: ¿Qué va usted a hacer ma- to que Cuevas echó a andar delante de
11 -Este chico es un ciclón - decia ñana?
                                                                                             ellas. exclamaron:

muy sofocada doña Eustaquia, mien-                 - ¿Ma fla n a? Y pasado y al otro.        -¡Tú eres Manolito Cuevasl

t ra s recogía los restos de una botella [Co r r er el Carnaval! [Disfrazarmel jfñ-          Le habían conocido. ¿Cómo? No lo

de cristal hecha añicos por su revolto- vertirmel Ser feliz siquiera tres días.              sabia Cuevas. Pero a partir de aquel

so huésped.                                        -¿Feliz? IPobre chicol                    instante sn turbación fue en aumento.       E
    - Ter m inará mal, terminará mal                                                         No solamente las personas conocidas

-añad ia sentenciosamente don Dimas,               La dicha va por el mundo                  exclamaban: «Ahi va Manolito Cuevas».

v ie jo solt erón, ve tera n o de la casa.         viajando en un tren exprés,               sino todo el mnndo repetía su nombre.

y Pepe, Luis, Samuel y Joaquin,                    y los hombres la persiguen                ¿Cómo explicarse aquéllo? Era para

repe t ía n a la ve z:                             len un coche de alquiler!                 volverse loco.

    - Ma l, ma l.                                      - ¡Bra vo! ¡Bravol-aplaudieron al-        Cuevas. el bravísimo y desenvuelto      Ca t
    y añadían atropel ladame n te:                 borozados los estudiantes.                Cuevas, se inquietó sobremanera. [Es-       de
    - Hace un mes que no a pa rece por                                                       taba haciendo el ridículo! Todos le         peli
la Univers idad .                                      y la conversación giró en torno del   conocían ..•                                de r.
    - Ay er empeñ ó la cap a.                                                                                                            de s
    -El o tro dia se pegó en la calle              Carnaval. Cuevas estaba decidido a            De la turbación pasó al tedio y sin-    sen t
co n el mozo d e cuerda de la esq u ina ,          disfrazarse y «correrla». ¿Le acompa-     tió deseos de huir, de ocultarse en al-     los
a q uien q ueria a hor car con su misma            ñaba alguno? ¿No? Pues peor para          gún sitio.                                  pue
soga por parásito.                                 ellos, que se aburrírfan «como ostras».
                                                                                                 Al emprender el camino hacia su
                                                       -Hasta mañana, señores - di j o       casa, vi ó venir a uno de sus catedráti-

-¡ Horror! -exclamó doña Eus- Cuevas, levantándose de la mesa.                               cos. Rápidamente giró sobre los talones

taquia.                                            y los demás estudiantes bajaron la y penetró en una Iglesia próxima.                  los

    - ¡Malo, malo! -añadió don Dimas.              voz, planeando un regocijado cuchi-                            *-l< -l<               men
    - Y, ¿qué es un parásito? -pregun-             cheo algo misterioso para el dia si-                                                  com
tó doña Eustaquia.                                 guiente.                                      Cuevas. respiró. La Iglesia, una hu-
    Todos miraron a Cuevas. entreteni-                                                                                                   ha' E
                                                                                             milde capillita dedicada al Cristo del

                                                                                             Perdón, estaba desierta.

do en mordisquear un palillo mientras                  Muy solicitas ayudaban a dar la úl-       Cuevas llegó hasta sus pies y maqui.     vent•
pasaba el chubasco.                                tima mano al disfraz de Cuevas.           nalmente se arrodilló. ¡Cuánto tiempo        por
                                                                                             hacía que él no se arrodillaba ante          espe
     - Pero, ¡por Dios, doña Euslaquial                -Vas muy bien, chico -exclama.        Crislol Todo el que había pasado desde
- exclam ó Cuevas- , ¿En pleno siglo               ron los estudiantes a una-o Nadie te      su ya lej ana salida del Colegio.            znep.
XX preg un ta usted qué es un «parási-             conocerá. Puedes hacer diabluras a tu
to »? B ien dijo Kan t , ese imbécil a quien       antojo. [Eres un pierrot ideal!               Pero Cuevas, de rodillas, no se le       a LG
cita to d os los dias en clase dou Ro-                                                       ocurrió rezar. Estaba lleno de su in-        pnVo
mualdo, q u e la cullura y las patronas                Cuando Cuevas, entusiasmado por       quietante interrogación: «¿Cómo me ha
SO Il cosas a n ti t éticas . Alu m hrar é su in-  el elogio, ahraaaba a sus ca 111 pañeros  conocida todo el mundo?».                    Extl
telec to. Un «pa rás ito» es un s ér parado.       despidiéndose, una mano aleve prendió                                                  la m
Ejemplo: el mozo de cuerda de la                   en su espalda un cartelilo que decía:         De allí a poco, ante la vista de Cris-
esquina... Claro está (aq uí Cuevas adop-          Soy Manolilo Cuevas.                      to crucificado, dolad do, afrentado por      do
tó la v oz y el ademán de don Romual-                                                        los pecados de los hombres, pensó            por
do) que si vamos a hacer caso a los                    -IAdiós, Manolo!                      Cuevas:                                      una
na turalistas, «pa rásitos» son aquellos               -1i'.'1ucha suerte!                                                               por l
seres que viven de otros. En este caso                 -¡Que te diviertas!                       -¡Me conocen todosl ¡Todos!... ¡Tú      plea
usted, señora mía, es un eparásito» ...                -¡Ya nos contarásl                                                                pedt
que vive de noso troa.jY siento no tener               Cuevas, en la escalera ya, gritó:     también me conoces, Jesús mio!. .. 11'0-
u n a cuerda par a ahorcarla ahora                     -ISalud. pollos!                                                                  vid
mismo!. ..                                             Una risotada fresca y juvenil reso-   dos, todos me conocen!. .. ¡Menos yo/. ..
                                                   nó arriba, al cerrarse la puerta,             Y en un acto encendido de amor y        cien
    Estallaron ruidosas las carcajadas                                                                                                   vece
de los estudiantes, que veian ya ahor-                                *-l< -l<               de arrepentimiento de toda su vida disi-     San
cada y columpiándose en la horca a                                                           pada y pecadora, Cuevas quedó desco-
doña Eustaquia. Heía también la bona-                  Vibraban las calles y plazas de la    nocido para siem pre y para todos.          .t.ep.o

                                                   capital con un sordo rumor de oleaje,                          *-l< -l<               JUlC
                                                   y una muchedumbre grotesca de en-
                                                                                                 Muchos años después de este verí-
                                                                                             dico relato, Cuevas. cargado de años y
                                                                                             de virtudes, enseñaba a sns nietos en el

chona mujer y, entre serio y risueño,              mascarados de todo pela je -Icallejera    fondo de un arca el 11 aje de pierrot y     en/el
exclamaba don Dimas:                               apoteosis de la desvergüenzal- desfila-   el carlelito famoso.                        que
                                                   ban en incesante flujo y reflujo entre                                                caso
    -¡Es el mismo diablo!                          cantos tabernarios y aullidos salvajes.       -Esto perteneció a Manolito Cue-
    -El diablo, n o, don Dimas. Ese es                                                       vas, un niño muy malo que una tarde

otro «parásito» .. un poco temible y               Cuevas miró un momento en torno de Carnaval, a los pies de Cristo, tuvo

yo no quiero bromas con él.                        suyo. ¿A quién bromearía? ¡Ohl Allí la fortuna de conocerse a sí mismo.

-Eso, eso; ustei no quiere bromas iban las niñas dé Núñez •v se acercó                       Los pequeñuelos abrían desmesura-

con él -repuso don Dimas-. Lo que con una cuchufleta en los labios... Des- damente sus ojos azules. apretándose

no quita para que todo el año se entre- pués, dijo atiplando la voz:                         entre si, temerosos, como ante los res-

gue usted al diablo en alma y cuerpo.              -Lulú, Mimi, Totó ... ¿me conocéis? tos de una espantosa lragedia ...

                                                                                                                                         los n
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