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                                           LOS GRANDES CONVE~SOS                                                                                                 -

   ILB E R T K L E 1 T OHEs~tRTON                                                                                                                                NI

               ( C anlpo de negación;7 de 'tanteo y curiosidad))                                                                                                 na
                                                                                                                                                                 aS
       La personalidad literaria de G. K . Oltesterton es, sin género       7 eologiá de la Iglesia qu e defiende con tal ardor y originalidad                   yg
de duda ni exagerocián, una de las mayores X méjores de nuestro                                                                                                  cal
                                                                            qu e desde el Voticano se le 'llama en /l/I mensaje pontificio 4nuevo'               ces:
siglo: Hace once años que moría a los sesenta X dos este tralmja - '                                                                                             t a l'
dar incansable al serv íciá del' Catolicismo desde la época de su           p iulre de la 19le.~ia ».
conversián (190S), como cruzado lit era ri o en dej Jíisa de los idea -                                                                                          Jai
                                                                            L a purábolti evangélicr¡" es substituida por la puradoja hu-
les cristianos. '                                                                                                                                                l es
      La p luma tajante, in cisiva, certera, p ero COIl sI ano Inunort.s-   iiioristica y así nos dice de él mismo: «quise adelantarme, aun-
                                                                                                                                                                 San
1110 y alegremente, com ba te)' po lem iza con todos los escritores         qu e fuera linos diez minutos hacia la 'hora de la verdad. / Y todo                  el I
ingleses tocados de lieterodoaia ,                                                                                                                               lIue
                                                                            para descubrir, al ifinal, qlle ) ro andabo atrasado en linos mil                    fun
      Filósojo inquieto, rebusca por todo pa ra enco n tra r la verdad,                                                                                          vos
compara doctrinas , estudia profundamente, in dag a to dos los [on-         ochocien tos aiios, » Así define el autor su encuentro de la verdad,                 gan
dos espirituales, y por caminos de luch a y meditación en la histo-                                                                                              nus,
ria de su alma encuentra por jin soluci án a sus p roblem as en la          del que hoy ACCiÓN CAl ÓLICA, esperando. continuar con la                            ocu
                                                                                                                                                                 con
                                                                            de otros g ra ndes con versos, da este intento de saboreo de su auto-                fici
                                                                                                                                                                 cns
                                                                            biografía vagabunda, por lo qu e él llama «camp o de negación de
                                                                                                                                                                 el p.
                                                                            tant eo y: curiosidad) .
                                                                                                                                                                 clus
                                                                                                                                               J.                De

Supongo que poseo una                                                                                                  No creo que fu é e n te ra m en te        his

mente dogmática. ])e t o d a                                                                                           . así. .Creo más bien, que nues-          peno
                                                                                                                                                                 mo
suerte cuando no creía en nin-                                                                                         tros jefes deseaban tener como
                                                                                                                                                                 mer
guna ' de las cosas llamadas                                                                                           pre,dicador  al  DI'.   Stanton    Coit,
                                                                                                                                                                 ton
dogn as, supuse que la gente                                                                                                                ,          .         Rere
                                                                                                                       y este no quena venirse con

estaba dividida en grupos com-                                                                                         nosotros si la cosa no se con -

pactos, según los dogma~ en                                                                                            ve r tía sen, cillamente en una
                                                                                                                       Socie d ad E rica .
que brefan o no creían. Supo-

nía que' los tcósofos estaban,                                                                                            No puedo responder, natu-
                                                                                                                       ralmente, de la exactitud de
todos, se ntados en la m isma

sala, porque todos creía en la                                                                                         la referencia que me dió el se-

Teosofía . Suponía q ue la Igle-                                                                                       ñor, pues que ni lo conocía;
                                                                                                                       pero, en todo caso, lo que
sia Deísta creía en el D eísm o.

Suponía que los ateos conve-                                                                                           quiero demostrar son las con-

nían entre sí po rque no creían                                                                                        diciones nebulosas en que se

en el Deísmo. ,Im agina b a q ue                                                                                       hallaba la mente de los oyen-

las Sociedades Eticas se com-                                                                                          tes habituales y no la de los

ponían totalmen}e de gentes                                                                                            conferenciantes o jefes. El doc-

que creían en la Etica, pero no                                                                                        tor Stanton Coit, por ejemplo,

en la Teología, ni, incluso, en                                                                                        te n ía una idea perfectamente
                                                                                                                       clara de una é tic a sin el
la Religión . JIc ll egad o a la

con lusi ón de (Iue me he eq ui -                                                                                      apoyo de la teología. Pero to-

vocado en esta idea . Creo, a-                                                                                         mando este miembrr caracte-

hora, que las congregraciones                                                                                          r ístic o del movimiento, hay
                                                                                                                       algo bastan te extraordinario
de estas capillas sem isegla res

consistían, en su mayoría, en                                                                                          en lo que ocurrió, en realidad,

un proceloso mar de escépticos         d e fe , solía: ir a diversas asam-  que era un grabado muy her-                o lo que él suponía había ocu-
errabundos, consus dudas erra-         bl ea s dand o co n ferencias o lo   m oso ; y uno d e . los fi el es a         rrido . Mediante es ta teoría,
bundas tamb ié n, y que se pu e-       qu e así llamaban , por ed uc a -    qui en es ta ba yo hablando, re-
d en hallar u n do m ingo b usc a n-   ci ón . Pu ed o obse rv a r que mis  plicó qu e probabl cmente Jo               Dios Todopoderoso había sido
d o una so l uc ió n co n l os d eís-  sospec has fu eron con firm ad as    habían colgado ahí porque ha-              descartado del asunto, como
tas y otro d omin go co n los          por el hecho de que veía, a          cía poco tiempo, aqucl lugar               concesión al doctor Stanton
teósofos .                             m enudo, la mi sma gente en tre      había sido una capilla unitaria;
                                       co nc ur re n cias mu y diversa s;   c re o qu e dijo qu e pocos aiios          Coit.
   P ue de n es tar di spersad os en   so b re todo un h ombre d e as-      antes . .Me intrigó considera-
                                       pecto preocupado con an siosos       bl em ente, sa b ie n d o qu e los         La impresión general era,
va rias cap illas semeja n es ; es-    ojos n egros , y un judío muy        viejos unitarios eran tan dog-
tán uni d os só lo por m edi o de      an cian o co n una larga barba       máti cos com o los mahometa-               aparentemente, quc resultaría
un a co nve nció n ~ es a falta de     bl an ca y una so n risa tallada e   no s sob re cl punto de Un Solo
con venciona lismo) co n o c i d o                                          Di os, y qu e el gl'Upo ét ic o era        poco amable no darle gusto en
p or: e no ir a la Igl e j a ~. Re-    i.nmutable . co.mo la d e una        tan poco dogmático como lo s
feriré dos in ciden tes, como                                               aab n ósti cos re specto . a es te dlwO-·  un detalle como ese. Años des-
ejemplo de lo qu e qu ie ro d e-       Imagen eg Ipcia .                    lila. cEs Illuy in ter esa n t e
                                                                            - dij e-. ¿Me podría ust ed de-            pués, llll amigo mío indagó
                                                                            cir si su sociedad en tera aban-           qué babja sido de aquella So-
                                                                            don ó el 'Deísm o a la vez~ )
                                                                                                                       ciedad Etica y le informaron
                                                                               ,.. - replicó anonadado -.
                                                                                                                       que su personal había dismi-
                                                                                                                       nuído un tanto. La razón adu-

cir, a u n q ue es tá n separ ad os En cier ta oc asión había da-                                                      cid a era que el distinguido
                                                                                                                       ferenciante ético no era ya tan
p or un la rgo int erval o de añ os . d o una c,o n fe re ncia e n una So-
E n aquellos d ías rem oto s, d e cie da d Ét ica, c ua n d o vi , col-                                                acti vo como en sus mocedades;

los cuales h abl o ah ora , a ntes gado en Ja pared , un retrato                                                       y que, por consiguiente, buen

d e qu e yo soñ ara co n es ta r d e Pri estly , el gra n unitario                                                     número de sus secuaces, ahora
                                                                                                                       e se habían marchado con Mar-
uni a ningún sistem a formal d e hace cien aiios. Observe
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