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A ccio/ n Cato/ ilca                                       AcuérddtGi hombrei de que eres
                                                      polvo y en polvo te hds de convertir.
     SUPI.EMENTO DE LAS HOJAS PARROQUIALES NÚM. 143
                                                                        (Palahras que dice el Sacerdote en el
      VILAFRANCA DEL PANADÉS, 2 0 DE FEBRERO DE 1944                    momento de imponer las Cenizas.J

           estos momentos en Que et mando sajare ta                                                              rm u r a c i• ó^ n
más tremenda de las conmociones, u hasta et refire-
sentante de Cristo, S^ S<^ntidad et Papa, siente ta                                                         y detraccción
amargura de una situación ciue amenaza graue-
mente ios fundamentos de ta ciuitización cristiana,                                                            Aunque vulgarmente suele
es preciso más Que nunca mantener enhiesta ta                                                               entenderse por murmuración
bandera de nuestra f£ u de nuestra Ketigión, u ^ri                                                          toda conversación acerca de
una intima unidad todos tos esúañotes estar dis-                                                            los defectos del prójimo, debe-
puestos siempre a defender ta misión ecunémlca                                                              mos precisar que la murmu-
Que en este orden te señata a España su vocación                                                            ración asi entendida puede ser
cató tica u, sin duda, te tiene reservada ta Divina                                                         acerca de los defectos conoci-
Providencia para et futuro.i>                                                                               dos y no secretos, lo que es
                                                                                                            murmuración simple: o puede
                                                                Con las precedentes palalras S. E* el Jefe  ser murmuración de defectos
                                                            del Estado contestó a la adhesión y gratitud    verdaderos pero ocultos, lla-
                                                            que la Ácción Católica Española le tributó el   mándose así detracción; y pue-
                                                           pasado día la por medio i* la Junta Técnica      de ser, en fin, de defectos fal-
                                                            Nacional,                                       samente atribuidos, lo que es

CARNAVAL y CUARESMA                                                                                         calumnia.

      Si es de origen litúrgico conceder a nuestra alma cierto alivio                                          La murmuración simple no
antes de abrazarse con la penitencia cuaresmal que a todos se im-                                           quita la tama al prójimo, ni
pone, no olvidemos que la Iglesia cóndena los excesos.                                                       la viola en rigor. Pero aun su-
                                                                                                             poniendo, como suponemos,
      El carnaval (despedida de la carne) es una vergüenza para el                                           que es de defectos verdaderos
                                                                                                             y sabidos, es un mal muy no-
pueblo cristiano. El loco frenesí con que tantos y tantos se entregan                                        table en la sociedad, y muy
sin freno alguno a todo linaje de excesos y liviandadts nos rebaja                                           digno de reprobación. De to-
y nos humilla Sien Cuaresma se hiciera alguna penitencia, todavía                                            dos los ausentes deberíamos,
 tendría alguna disculpa esa bacanal; pero hoy día iquién se morti-                                          o hablar bien, o callar sus de-
fica? Con bula o sin ella, raros son los que no se dispensan de obli-                                        fectos por caridad. A no ser
 gación tan imperiosa como es la de la abstinencia y el ayuno. No                                            que haya razón para hablar
 hay bula que dispense de hacer penitencia; porque para entrar en                                            de ellos, como sucede c o n
                                                                                                             las faltas públicas y provoca-
 el cielo no cabe sino una alternativa: o inocencia, o penitencia.                                           tivas y escandalosas, que mu-
                                                                                                             chas veces no tienen más cas-
     Los que nos preciamos de ser amantes e imitadores de Cristo                                             tigo que la censura pública; y
 Señor nuestro no «nos divirtamos con el diablo, porque en este caso                                         entonces ésta es buena y lau-
 tampoco podríamos gozarnos con Cristo» (San Pedro Crisólogo); antes                                         dable, aunque muy difícil de
 vayamos al lado de Jesús, expuesto en nuestros altares, y consolé-                                          ejercer justamente, ya que en
 mosle, u reparemosdasAnjurias y el desvío de los hombres.                                                   la mayoría de los casos no se
                                                                                                             poseen las pruebas necesarias
                                        i•                                                                   para dar por seguro un defec-
                                                                                                             to que corre de boca en boca,
                                                                                                             y que puede muy .bien no ser-
                                                                                                             lo, convirtiéndose, así, de

                                                                                                             hecho, en vil calumnia.
                                                                                                                El oir la murmuración sim-

                                                                                                             plemente no es pecado. Pero
                                                                                                             quien pudiendo impedir no
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